El tostador
En Café Angélica tostamos a mano café de comercio justo en pequeñas tandas de 4 kilos. Trabajamos con una Probat alemana, la que para nosotros es la Rolls Royce de las tostadoras: precisión, estabilidad y carácter al servicio del grano.
El café pierde humedad, gana cuerpo y, a partir de los 160º, comienza la pirólisis: una transformación silenciosa donde las reacciones químicas despiertan los aromas y sabores que después encontramos en la taza. Cuando el punto es exacto, lo enfriamos con rapidez para preservar todo su carácter.
Tostamos café que llega en sacos desde África, Sudamérica y Centroamérica. Cafés con nombre y apellido: pequeños productores de Colombia, Etiopía, Perú, Guatemala, Brasil o Kenia. Conocemos su origen, su temporada, su proceso de secado y la historia que hay detrás de cada cosecha.
Tostar es entender que es un producto sensible, que hay que mover con suavidad, observar con atención y respetar en cada fase. Igual que en la cocina, un segundo de más puede cambiarlo todo.
Llevamos más de diez años aprendiendo sus variables. Y seguimos haciéndolo cada día, lote a lote.