Desde Angélica se ve la bahía. Se tocan casi los borregos cuando hay viento sur y te protege Peña Cabarga.
Angélica en Pombo amanece al lado de la Librería Gil y sus escaparates atrapadores, con libros que te transportan a otras historias.
Angélica en Pombo está en un local de 200 años donde se almacenaban mercancías que iban y venían de las Américas y de las Europas porque, aunque no te lo creas, los barcos atracaban en la puerta del edificio.
Angélica en Pombo es pura comodidad contemporánea: poder tomarte un helado affogato por la tarde sin cafeína o una tostada mientras piensas qué plato te llevamos a tu casa, a la playa de La Primera o al Puntal, según el viento que sople o la hora que sea la plea.
Angélica en Pombo es pura tranquilidad santanderina, protegida por las fotos de Pablo Zamora y por ese tapiz del siglo XIX que cuenta los viajes de entonces, donde uno no sabía qué se iba a encontrar.